Friday, January 14, 2005

pisadas

El tribunal me había pisoteado y la perra traidora había ganado la partida,
los designios propios de la herrumbre se habían materializado,
los peores presagios eran ahora realidad.
La sangre parecía subir de temperatura, herbía y una sensación de
desencanto abasayaba mi cabeza.
La derrota como constante
y yo en mi lucha costumbrista por superarlo y no hundirme.

Con el tiempo lo llevé bien pues otras ilusiones atesoraban mi alma,
pero siempre queda un cadaver más en mi, o al menos su peso,
su herrumbre y su olor.

Había de seguir, pero mis gemelos se quejaban del peso del fracaso que ya llevaba encima, perenne y sempiterno

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