Estás últimas semanas hemos tenido que lamentar la muerte de ciertos personajes públicos que por una u otra causa eran queridos y o mediáticos. Si bien Puertas aportó menos que Paquito Umbral, su sobrecojedora muerte, con guiño previo en directo, posó una capa de neblina para el gran público, ya que artículos hubo a raudales, sobre la muerte de este autor controvertido, poético y que cambió de chaqueta. Su indumentaria olía a, tocino rancio y castizo pasado, como aquellos hippies de San Francisco que con sus coletas y camisas de flores no supieron evolucionar con el tiempo. Su letras si eran vigentes, su columna un clásico del periodismo y sus libros de juventud, un referente y un retrato social del tipo "La colmena", en ellos de forma inovadora y sufrida entremezcló el verso en la prosa.
Pavarotti, el grande de la escena operística, el hombre que como los beatles en su tiempo con el pop, se esforzó en popularizar la opera, falleció en Modena, nos caía algo más lejos, pero tenía el poso de los grandes, eso a pesar de sus divorcios y de sus desmanes con la ley que ahora no se mencionan. Tenía ese tufillo a lo Gil, que decía que en su enormiforme sombra había algo oculto.
Pero estas muertes naturales de Paco y Pavaroti (quitemos a Puerta), no tendrán consecuencia alguna para la globalidad de la sociedad y más duele ahora la muerte del super heroe que se nos va, duele porque ahora se percibe todo su empuje, toda su grandeza y su pureza. Pureza en politíca, si! Sin duda se le echará de menos, dentro y fuera de su Pais Vasco. El hombre de principios que es, fue y será Josu Jon Imaz, arroja la toalla. No queremos que ocurra, no era fácil tener por lider en el PNV un hombre que apostaba por el camino largo, por la integridad de los actos, por la democracia y la libertad. Pocas veces se ha visto por esos lares personas que tuvieran tan claras las cosas, que supieran lucidamente, que un ápice de violencia desvirtua su por otra parte legitima ambición de soberanía, que la comprensión de la pluridad del pueblo vasco no era esquibable y que la migración de amenazados era algo de lo que avergonzarse y no un arma aplicada por ETA de la que aprovecharse.
Es por ello que una muerte política como la de Josu Jon Imaz causa más tristeza que la de un terricola en el desenlace de su vida. Josu era el camino, que pena que no todos pudieramos verlo, ni que todos coincidieramos en criterio. Gente como Ibarexte, que en la mayoría de los casos actúa como hombre cabal, ha expulsado a la esperanza vasca de la política, al que nunca se dejó chantajear. Ahora me resulta inevitable hacer una mueca ante Egibar, ante Ibarexte.
Imaz representaba en nuestro mundo el multilateralismo de la ONU, el que los españoles quieren y que quedó patente con nuestra queja global contra Irak y contra el unilateralismo USA. Tener amplitud de miras resulta complicado y lento, pero soluciones rápidas a conflictos largos son caminos sin salida. Hay que mirar hacia todas las partes, ver quienes son los jugadores y darles fichas para jugar a todos ellos. Imaz apostaba por la modernidad de la política, por buscar soluciones con formulas no probadas pero que contenían una esencia básica.
Apostar unicamente por lo propio en política resulta en tumor maligno.
Si, probablemente esto es un lamento por la muerte de un vivo, por la muerte de un guevara moderado, un nuevo martir de la causa, pero este, de verdad.
(Texto de J J Imaz)
APOSTAR POR EL FUTURO
Hay momentos en la vida en los que las personas debemos enfrentarnos a decisiones
complejas. Dar importancia a los proyectos en los que creemos o apostar por vincular
esos proyectos a nuestra propia participación en los mismos. No quiero ocultar que en
las últimas semanas he vivido esta disyuntiva. Y he tomado una opción. No seré
candidato a la presidencia del EBB del Partido Nacionalista Vasco, para la que fui
elegido hace cuatro años. Volveré a la actividad profesional después de más de trece
años de compromiso intenso con aquellas funciones que EAJ-PNV me ha
encomendado: diputado al Parlamento Europeo, consejero de Industria, Comercio y
Turismo del Gobierno Vasco y presidente de nuestra ejecutiva, el Euzkadi Buru Batzar.
Siempre he creído en la política como servicio a la sociedad. He recibido mucho de esta
sociedad desde niño, y he entendido la actividad política como compromiso personal
con ella y sus ciudadanos. Como forma de devolver, aún a costa de más de un sacrificio,
lo mucho que este país me ha dado. Por eso, siempre he defendido la política como un
camino de entrada y salida. Finalizado este servicio, lo normal es que salgamos sin
perpetuarnos en la actividad política. Ello sirve para mantener viva la conexión entre
clase política y sociedad civil, tan necesaria en los tiempos que vivimos.
He trabajado en la medida de mis posibilidades por una Euskadi en paz, en la que la
violencia, la amenaza y la extorsión sean para siempre desterradas desde el firme
compromiso con los valores de la persona como clave de bóveda para construir la
sociedad vasca. Y me siento muy orgulloso de haber mamado desde joven estos valores
a través de mi militancia en el Partido Nacionalista Vasco.
Creo en una Euskadi en la que los diferentes sentimientos de pertenencia de quienes
componemos la sociedad vasca convivan compartiendo un proyecto de país, cuyo futuro
construyamos entre todos. Creo en una Euskadi en la que la voluntad democrática de
sus ciudadanos sea la base de la mutua convivencia y en la que los acuerdos amplios
entre diferentes sirvan para hacer frente a los retos de futuro. Un país pensando en
nuestras hijas e hijos, en el que encuentren las mejores oportunidades para desarrollarse
como personas en su integridad. Trabajo por una Euskadi en la que nuestra identidad
vasca se construya en base a valores en un mundo cada vez más abierto y complejo, en
el que el amor a lo propio no nos lleve a construir el futuro contra nadie. Como ese
árbol al que equiparaba su obra el universal escultor Eduardo Chillida, enraizado en
tierra vasca pero con sus ramas y hojas abiertas al mundo.
Me siento orgulloso de haber tenido esta responsabilidad en un Partido cincelado con la
talla humana y política de personas como José Antonio Agirre, Manuel de Irujo, Juan
Ajuriaguerra, Javier Landaburu o tantos otros. De personas que con su trayectoria
construyeron un patrimonio llamado EAJ-PNV, con un activo que ha servido para que
centenares de miles de vascos nos den su confianza y hayamos contribuido al
autogobierno, a la convivencia, al bienestar y la estabilidad de Euskadi. Pero este
patrimonio no es nuestro. Nos toca gestionarlo. La pluralidad de discursos, la división y
la tensión que en algunos momentos ha trasladado EAJ-PNV a la ciudadanía,
contribuyen a debilitar nuestro proyecto, a confundir a la sociedad vasca y a perjudicar
la capacidad de este partido para articular en torno a él a las mayorías sociales vascas
necesarias para construir el modelo de país que queremos.
Hoy, el esfuerzo por conseguir la unión en el seno del Partido Nacionalista Vasco nos
obliga a todos. A mí también. La reproducción de la división que hace cuatro años se
produjo en una transición de liderazgos compleja puede debilitar de forma importante a
EAJ-PNV. Siempre he creído que en la vida no debe esperarse a lo que hagan los
demás. Uno mismo debe dar los pasos que estima necesarios. Por ello, mi decisión de
no ser candidato responde a una contribución que facilite un proceso interno que
cohesione y una a nuestra opción política. Creo, con respeto al resto de opciones
políticas, que EAJ-PNV tiene un papel de cohesionador y moderador de la política
vasca, que puede verse perjudicado con la división y su debilitamiento. Por tanto, sin
pretender patrimonializar ningún activo que sólo nos corresponde en el porcentaje de
voto que tenemos, entiendo que por encima de actitudes cortoplacistas, el riesgo de
división en el Partido Nacionalista Vasco añadiría dosis de inestabilidad y radicalidad a
la política vasca.
Hay otra reflexión que no puedo pasar por alto. El nacionalismo vasco democrático ha
jugado y juega un papel primordial en la construcción de nuestro país. El mundo está
cambiando aceleradamente y, al igual que otras generaciones han hecho un esfuerzo
ímprobo por modernizar y actualizar nuestro proyecto, también nuestra generación debe
llevarlo a cabo. Conceptos como estado-nación, soberanía o independencia adquieren
hoy tintes necesariamente diferentes de lo que en el pasado representaban. Las fronteras
se debilitan e incluso desaparecen en nuestro entorno, y desde el nacionalismo vasco
democrático tenemos que ser pioneros en las reflexiones de actualización de nuestro
bagaje fundacional, de un partido que nace para preservar un pueblo que perdía su
identidad y su régimen de libertades histórico. Pero un partido no puede llevar adelante
una modernización necesaria en un contexto de competición por el discurso. La
reflexión serena exige liderazgos no cuestionados y partidos unidos y sólidos.
Quiero terminar mostrando mi plena confianza en las personas que componemos el
Partido Nacionalista Vasco, así como en la propia sociedad vasca. En la capacidad de
avanzar con éxito a través de los retos presentes y futuros, así como la convicción de
que mi decisión será un pequeño grano de arena en este camino. Agradezco de todo
corazón el apoyo de los que tanto desde el seno del partido como del conjunto de la
sociedad me han ayudado en mi labor. Y también, sinceramente, a los que desde la
crítica interna o externa, han contribuido a hacer más contrastadas y reflexivas cada una
de mis decisiones. La cohesión de EAJ-PNV saldrá fortalecida. Y creo honradamente
que es un capital para el conjunto de la sociedad vasca. Incluso para muchos que no
comparten nuestras ideas y proyectos.
Josu Jon Imaz
Presidente del EBB de EAJ-PNV