Irse al carnaval de cai, no es cualquier cosa..
Eso que me lo digan a mi que llegué ayer de alli y todavía no soy persona.
Cai es muchas cosas, pero a su vez es una, que es lo que la hace inimitable.
Es una ciudad popular y el domingo de Coros es la manifestación más autentica
que yo haya conocido. Tiene tanta solera y magnetismo como la semana santa sevillana, tiene el sentimiento de la opera y la inquietud de la calle, la gracia del artista y la alegría del libre y del risueño.
Es una algaravía, son pequeñas bandas populares que disfrazadas callejean entre la gente, que se posan en las esquinas y cantan; son grandes bandas que en grandes camiones rodean el mercado cantando sus couples, sus pasodoble y sus popurris. Hay jovenes enfundados en trajes que les poseen, jovenes valientes que se echan a la calle, cantan sus mensajes y nos dejan ver lo que son.
Es el desparpajo del artista en el panadero y la gracia espontanea del frutero, es la reivindicación de ser grande en tu pequeño mundo, sin ansias ni ambiciones, con el fin de que te escuchen, cantando un mensaje que provoca la risa o el llanto, que te pasa de uno a otro, que te mezcla las sensaciones,del desamor al júbilo, que conforma el ojo acuoso y la sonrisa de arcoiris, que te habla de la historia del presente.
Su casco antiguo, que es medio de aqui medio del caribe, que esta lleno de balcones y de colores, se junta con su sol y te rodean. Sus calles se te hacen un laberinto y por el andas sin buscar la salida, es una fiesta sin lugares esta, como las dunas del desierto que van y vienen ,que aparecen y desaparecen, asi mismo la chirigotas, asi mismo las gaditanas que irradian un desparpajo de quedarse loco, un hablá sin tené ná en cuenta, con to el arte, sin sabe quien eres ni lo que eres, jugando con la sonrisa y el ingenio..
Yo ayer estuve en Cai y hoy me quiero morir, quien viva Cai sabrá que el hombre como ser humano todavía existe y que se reune alli en su mayoría, en la fiesta que canta a sus problemas cotidianos, no con pena sino con alegría. Esa ciudad a-islada, esa región pobre de Europa, donde el trabajo se esconde entre las olas; allí se aprende que el hombre no tiene porque ser esa máquina productiva que nos pintan de paradigma y que nuestras ambiciones materiales no nos harán más feliz, que tenemos la capacidad de tener ese saber vivir y esa humanidad, que existe, y que yo ayer senti en Cai
Tuesday, February 15, 2005
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