Wednesday, January 30, 2008

Ca se fait comme?

Siempre que escribo después de tanto tiempo, lo primero es un lamento, por la falta de letras.
Pero es un lamento de calentamiento, para empezar la rutina y para que las palabras vengan a mí. No siempre lo hacen, escribir se vuelve una tarea endiabladamente difícil, requiere cada vez un mayor esfuerzo. Las temáticas a tratar son siempre un problema. Aunque hoy la temática es fácil, hablamos del regreso, de la reentrada en la morada. Más de un año después vuelvo a entrar por la puerta de la mansión, de la vieja casona en la que viví, y su olor es el mismo, y los muebles que la cubren son casi los mismos y eso me llena de orgullo, ver que nada cambió, que todo quedó tan bien que nadie quiso cambiar nada. Los dos sofás que conseguimos agenciarnos siguen rigiendo el salón, el purpura que olía a gato y el blanco que resbalaba como el jabón con el que lo limpiamos, frotando con rabia y con ganas. Aquellos que no gustaron son los reyes del salón.

Y mi cuarto es un habitáculo con vida y muebles, pero al abrir la puerta lo volví a imaginar en su estado cero, cama, carrito, estantería y perchero. La mínima expresión, el espacio en todas partes, las paredes ocres y oscuras, la vieja lámpara aristocrática. El nuevo sofá, la alfombra y los muebles, me parecen el atrezo de una escena teatral que se esta rodando ahora pero que dista de la realidad de ese cuarto, de sus tres grandes, altas y enrejadas ventanas, de las sombras que proyectaban los barrotes, de la vista del deshabitado edificio de enfrente.

Esas luces proyectadas daban la sensación de carcel, de bohemia y underground, las paredes oscuras, los espejos, aquel rayado, grande, casi cuadrado y viejo, la desnudez del parqué usado, el silencio de la calle olvidada, los sonidos ajenos y misteriosos.

Y las calles llenas, de niebla, y las luces enfocandolas y ella gobernante de la noche, serena en su omnipresencia, latente en su contingente efímero y tramutable.

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