Monday, May 28, 2007

estaciones

No quiero saber más de cómo el tiempo me comerá, añoro los tiempos de Pol pot en los que no existía el reloj.

Angustia, aspereza, odio y limón. Me gusta más el limón cuando lo exprimo y surge su agrio despertar en mi paladar.
La flores se me marchitan y no hago demasiado por que no lo hagan. Intentar mantener vivo lo que muere por si mismo es un esfuerzo demasiado desmesurado y carente de sentido. La persecución de la muerte. La carrera sin fin o con el mismo fin para todos.

La bolsa de la vida, con su pico y su declive. Esta no falla, no engaña, no permite especulaciones.

El disco que gira no tiene estaciones tiene final, las canciones son años. El periódico añejo que marca la temporada electoral. Los diputados que suben y bajan. Los resultados. Estaciones políticas, muerte de candidatos anticipada. ¿A que se dedicará un candidato muerto?
Mi flor se oscurece, debo apostar por sus estrías pues son inevitables. Las estaciones son el tiempo rotatorio, como el columpio de un hámster sin jaula, avance circular. Recorrido desdibujado. Futuro inexpugnable evitado por el destino.

Las estaciones evocan al tiempo, mirar más corto ¿que sentido tiene?, todo es pasajero, los motores envejecen, gasolina para vivir, grasa de caballo para mis pies y mi rostro. Da igual, no tengo nada que objetar, todos tenemos la misma jugada evidente.

Vive, vive, vive, vive, como lo hacen las estaciones. Estados de ánimo no conjurados, aleatorios e inevitables. Lagrimas que serán piscinas. El lunes es sagrado, representa la muerte de la semana. El reciclaje me traerá cosas buenas llenas de fibras, producto de basura orgánica, sin su olor, con un extraño sabor. Las energías renovables filtrarán mis ganas de avance. No conseguiré montarme en el viento, ni que el rayo de sol se clave en el ojo de mi enemigo. Sol, viento, agua y fuego. Estaciones terrenales.

La conjura que el dólar quiera hacer contra del euro, obtendrá respuesta del barril de petróleo y el estrecho de Magallanes llenará sus bolsillos de coronas, mientras en el odyssey reirán mientras cuentan en sus avión privado las monedas que cargan, hasta que un día el espadachín que fue Carlos II le pinche las narices.

Si es que al final ya lo dicen todos, el tiempo esta loco y las estaciones han dejado de ser tal. Viva la lluvia que inunda la M-30, ¡hurra¡ por el sol que quema mi espalda, ardor por el viento que sopla en el mar y conjuración contra todo lo terreno que quema el fuego.

sandaza

1 comment:

Doctor said...

Curioso Blog

Saludos del Doctor, Crítico insolente de Blogs

http://elburladordemitos.blogspot.com/