Sunday, December 17, 2006

El encuentro con un Verso Trébol (por coral)

Al entrar una proyección de postales sobre la pared blanca mientras en la esquina una figura es prolongación de un piano prestado. Todos nos miramos algo confusos y expectantes, la función va a comenzar, por favor tomen asiento, llenen el espacio sin miedo, tapicen el suelo de colores y préstenme su sonrisa. La estancia cuidadosamente caldeada por lo humano nos acoge gratuitamente.
Las teclas regalan sensaciones en un descarado virtuosismo, acompañan los versos del que se levantó a recitar, la guitarra ha despertado y amorosamente se declara a un acordeón cercano que la contempla devaneándose. Octavio Paz no responde.
Los versos se deslizan suavemente entre nuestros rostros enrojecidos como sensuales caricias.
Todo el mundo queriendo compartir algo que hace tiempo se notó a la altura del ombligo, un pellizquito de genialidad y la certeza de ser algo bueno, demasiado bueno como para callarlo.
Sonaron las voces de nuestras entrañas y todos callamos para escucharlas, voces graves y voces agudas, voces en forma de nota o paso de baile, voces aplacando nuestro desasosiego semanal.
El papel sobre el blanco suelo, alzo mi voz y recito, quiero compartirme entera, quiero llegar hasta donde tu estás.
El genial ladrón de imágenes nos obsequia con un segundo carrete, todo es mirar y escucharlas, nada que decir, es la hora de soñar, de interiorizar, de dejar a nuestro ombligo desliarse para desinflarnos de deseos y secretos.
Una voz que conozco y adoro resuena en la oquedad de la sala, llega de un particular viaje, en un estado de paz compartido. Octavio Paz responde.

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