Thursday, September 28, 2006

a Deglon

Aquel errante francés de elegantes maneras
que tanto gustaba de andar por los arrabales,
que gozaba tanto de la vida,
de su lado más pobre y más salvaje,
aquel gran hombre,
amante de lo vagabundo,
aquel hermano de ron, de cerveza y salchichón,
me dejó y se fue de nuevo,
muy lejos, tanto como pudo,
a seguir la senda de Conrad,
hacia el continente negro,
hacia su interior, hacia lo más seco,
solo humedecido por el Níger.

Aquel vástago que me contaba sus más salvajes historias por capítulos,
sus aventuras en Panamá y en Sudáfrica,
sus delirios y fraternidad con los olvidados,
aquel gran hombre que amaba el queso y la risa,
aquel amigo para siempre,
aquel pozo sin fin,
hoy es más que hace uno meses,
hoy es un padre con la sonrisa puesta,
se trajo un nuevo ser del África,
una niña de color tostado,
un amor entre el polvo del desierto engendrado,
un corazón grande y enorme, vergonzoso de tocar su trompeta,
grande como una piedra y frágil como un cristal,
aquel viejo caballero a quien no es fácil olvidar,
ha vuelto a su casa con la vida entre sus manos,
con la sorpresa de tener un nuevo amor,
y esta vez el sabe, que este será distinto,
que este no se escapará,
sabe ahora lo que nunca supo y lo que yo no sé.

No comments: