Wednesday, April 05, 2006

2056

2056


Honor patria y verdad

Caminar en este barrizal de las afueras, como si fuera el centro de una nueva ciudad. Yo soy un hijo de puta y duermo tranquilo. Creo que después de todo nada había cambiado, quizás solo fuera superficie, esa misma frase la había escuchado 50 años antes, en un día cualquiera, de un amigo.


La nación reinaba en algo no tan lejano de un tripartito. Tres naciones formando el mundo. Ya no existían superpotencias, ya eran tres mundo entrelazados, de una raza y mil colores. Naciones continentes.
Jaob pensaba que aquel cambio evolutivos tan repentino, tan acelerado, era algo que tenía que llegar, pero al igual que al inicio del siglo XXI se había impuesto inesperadamente, de un soplo la TV plana, había pasado esto. Como una aceleración repentina, inesperada, prevista para veinte años después.
Jaob, pensaba, algo no tan habitual donde la velocidad era el rasgo que marcaba nuestro mundo. El desarrollo del instinto. El automatismo como característica de los mejores, un automatismo inteligente, capaz de aglutinar en sí el conocimiento certero al menos.

Bebiendo después del trabajo en un bar como siempre ha sido, a través de los siglos, todo parecía igual. Las conversaciones cotidianas eran las mismas. La política casi desaparecida, el antropocentrismo en su mismo fulgor, la verdad casi olvidada. Un criterio tan desvirtuado como el de siempre, producto de las circunstancias, que como siempre hacían la verdad.
La nación una, honor y patria.
El centro y sus círculos concéntricos, moviéndose el mundo alrededor de tres espirales, todo tiende al centro ahora, como antes. Soy darvinista dice alguien, vuelvo a oir, ahora ya son más, muchos más. En selva, los animales habían crecido, se habían desarrollado y eran tan grandes y tan temibles como lo fueron los dinosaurios.
El hombre del futuro, egoísta y gigante. ¡Dos cojones a la vida!.
- Dos pintas mac- dice Vlaba. Me acerco a la mesa y pido dos . -Sigue siendo tan refrescante y alimenticio- pienso. Vuelvo a la mesa y por causa del destino le suelto un beso a la chica con la que comparto.
Cuando salimos del bar las luces nos ciegan, farolas de luz amarilla nos cuentan que estamos en la calle. Ya apenas hay tráfico. Andamos en busca de un taxi. No aparece y andamos, tranquilos, como si nada pudiera ocurrir.
Vlaba me dice que en su trabajo nadie es capaz de decir ni mú, que el silencio la rodea, que el ambiente le recuerda, a veces, como si aquello fuera una sala de un servidor de pd´s.
Nuestra rutina diaria también esta automatizada de cierta forma. El silencio llega a resultar agradable. Metido en un mundo particular, de cháchara con un ordenador que solo te cuenta lo que tu quieres, lo que tu buscas. Él sé quien eres es la teoría triunfante del darwinismo. Mientras más tú, más duro, más resistente a la muerte y a la caída.

Una moto oscura como la noche, con dos tripulantes, apareció de la nada, repentina, cortando el aire, veloz y al pasar, pegados a nosotros, le dieron a Valba el tirón, con la mala suerte que no pudo soltar el bolso, arrastró su hasta ahora bello rostro por el asfalto, dejando un rastro de sangre en la carretera, hasta que consiguió soltarse.

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